El balón era mi mejor amigo
Fui un afortunado. Nací en una familia que me lo dio todo. Mis padres estuvieron en cada campo, en cada desplazamiento y en cada domingo por la mañana, incluso cuando hacía frío y el partido no importaba nada.
Pero si hay algo que recuerdo de pequeño, es el balón. Iba conmigo a todos lados. Al paseo, a la playa, a la calle. Con cuatro años ya jugaba en un equipo.
Crecí y el fútbol se convirtió en todo. Mi vida giraba alrededor del fútbol. Me dio a mis mejores amigos, mis mejores recuerdos y experiencias que no voy a olvidar.
Todos crecían menos yo
Llegó un momento que lo cambió todo. Mis compañeros pegaron el estirón y yo no. De un año para otro, el fútbol dejó de decidirse solo con el balón.
El físico empezó a marcar la diferencia
Yo quería jugar. Quería hacer lo que había hecho desde bien pequeño. Pero por mucho que lo intentara, siempre había alguien por delante. Alguien que llegaba antes al balón, que aguantaba el choque, que corría la última jugada del partido cuando a mí ya no me quedaba nada.
No era cuestión de ganas. Era cuestión de cuerpo. Y eso, con quince años, es muy difícil de entender y todavía más difícil de aceptar.
Hasta que descubrí el gimnasio
No empecé a entrenar para ponerme fuerte. Empecé porque quería volver a jugar.
Y ahí pasó algo que no esperaba: empecé a entender mi cuerpo. Por qué me cansaba antes que los demás. Por qué perdía todos los duelos. Qué podía cambiar y qué no.
Por primera vez sentía que podía competir
Empecé a crecer y a desarrollarme físicamente gracias a todas las horas que le dediqué. No fue un mes ni fueron dos. Pero volví a entrar en el juego.
De Tercera a Primera Catalana en un año
En una sola temporada pasé de jugar en Tercera a jugar en Primera Catalana, que en ese momento era la mejor división de Cataluña.
Y no fue suerte. Fue preparación
Esa frase es la que me ha traído hasta aquí. Porque lo que me cambió la carrera no fue un entrenador que apostó por mí ni una racha buena. Fue entender que el físico se entrena, se planifica y se mide, y que el que lo trabaja bien se pone por delante del que solo espera.
Lo que vino después
A partir de ahí he vivido cosas que nunca voy a olvidar. Ninguna de ellas estaba en el guion de aquel chaval que no crecía.
Mientras tanto me formaba en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en el INEFC, y me especializaba justo en lo que me había cambiado la vida: el fútbol.
Pero te voy a decir la verdad
Cometí muchos errores. Auténticas barbaridades. Errores que probablemente me costaron llegar más lejos de lo que llegué.
- No me cuidaba lo necesario. Dormía mal, comía cuando podía y pensaba que con entrenar duro ya estaba el trabajo hecho. El trabajo empieza ahí, no acaba ahí.
- Entrenaba al fallo el mismo día del partido. Llegaba vacío al campo y luego no entendía por qué me apagaba en la segunda parte. Me estaba robando a mí mismo los minutos que más quería.
- Hacía lo que veía en redes sociales. Sin contexto, sin plan y sin saber para qué servía ninguno de aquellos ejercicios. Copiaba la rutina de un jugador que no tenía ni mi cuerpo, ni mi posición, ni mi calendario.
- No cuidaba la recuperación. La veía como tiempo perdido. Y resulta que es donde de verdad se produce la mejora: entrenar es el estímulo, recuperarse es cuando el cuerpo lo aprovecha.
- Entrenaba igual el día antes del partido que el día después. La misma sesión, la misma carga, el mismo esfuerzo. Como si mi cuerpo no tuviera memoria de lo que le había pasado el domingo.
Ninguno de esos cinco errores me parecía un error en ese momento. Todos me parecían esfuerzo. Y ese es justo el problema: se sienten como estar haciendo las cosas bien.
Nadie me enseñó a hacerlo bien. Lo aprendí a base de equivocarme, y equivocarse en esto cuesta temporadas enteras. Hoy sigo viendo esos mismos cinco errores cada semana en los jugadores que me escriben.
¿Hasta dónde podría haber llegado si hubiera hecho las cosas bien?
Es una pregunta que todavía me hago. Y no tiene respuesta, que es lo que más fastidia.
Y por eso hoy soy preparador físico
No solo para entrenar a jugadores. También para ayudarles. Y para evitar que cometan los mismos errores que yo.
Llevo más de seis años dedicándome a esto, he pasado por clubes profesionales y por canteras profesionales, y hoy trabajo a jornada completa en la primera división de Indonesia. En todo ese tiempo he visto suficientes casos como para tener una cosa clarísima.
Con talento no es suficiente
Si no tienes estructura en tus entrenamientos, si no sabes qué necesitas en cada momento de la temporada, te vas a quedar por el camino. Da igual lo bueno que seas con el balón.
He visto a jugadores con más talento que yo quedarse fuera por entrenar mucho y mal. Y he visto a otros con la mitad de condiciones llegar más lejos simplemente porque lo que hacían tenía un orden.
El talento te pone en el campo. Lo que decide si te quedas es todo lo demás.
Por eso creé el programa ATP
No para que entrenes más. Para que entrenes mejor.
Para que dejes de improvisar. Para que todo lo que hagas tenga sentido y sepas por qué lo estás haciendo. Para que no tengas que aprender a base de errores, como aprendí yo.
Para darte exactamente lo que necesitas y acompañarte en el proceso
ATP significa Activa Tu Prime. Es un programa de preparación física individual para futbolistas, online, construido sobre tu calendario de partidos, tu posición y tu historial de lesiones. Y va con muy pocas plazas por convocatoria, porque reviso el trabajo de cada jugador uno a uno.